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Teología Contemporánea
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12 de Diciembre, 2010    Neo-ortodoxia

La neo-ortodoxia desde la perspectiva de Harvie Conn

Karl Barth había desencadenado una revolución con su obra acerca de Romanos. En los años que siguieron, se refinó y amplió la revolución. Se fue formando un movimiento, a menu­do llamado "neo‑ortodoxia," que encontró expresión en los escritos de otros además de en Barth. Emil Brunner (1889­-1966) fue quizá el miembro más conocido de la nueva escuela, aparte de Barth. Incluso actuó como fuego purificador y eliminó el optimismo especioso de liberales como Reinhold Nie­buhr (1892‑1971).

Los mismos escritos de Barth se fueron puliendo en los años que siguieron al 1921. Pero, en medio de sus modificaciones y contrataques, siguió siendo el portavoz más conocido del movi­miento.

Desde los primeros años de la obra inicial de Barth, la neo­ortodoxia‑o Bartianismo‑ha cruzado todas las fronteras. Su influencia en el lejano Oriente, por ejemplo, ha sido muy vasta. En Japón, se ha descrito a Barth como "una especie de papa teológico. . . A diferencia de la situación en los Estados Unidos de América, por ejemplo, en donde Barth ha sido considerado como uno de los más destacados teólogos de este siglo, en Japón se lo ha considerado como el único teólogo." Este "cautiverio alemán," como lo ha llamado el Prof. Furuya, comenzó a influir en Japón a través de los escritos de Tokutaro Takahura (1885-­1934) alrededor de 1924‑1925. En 1931, apareció la traducción japonesa de Theology of Crisis (Teología de la Crisis) de Brun­ner, y durante la primera parte de esta década, ocuparon la lista de "bestsellers" en el mundo teológico los extensos análisis de la teología dialéctica llevados acabo por teólogos japoneses. Y a través del programa colonial japonés anterior a la guerra, el enfoque neo‑ortodoxo se implantó, o por lo menos se estimuló, en los países dentro de su órbita.

Hay que reconocer que existe mucha diversidad en el movi­miento. La marcada diferencia de opinión entre Barth y Brun­ner en cuanto a la realidad de la revelación general y al naci­miento virginal, las críticas que se han hecho mutuamente Barth y Bultmann; la crítica de Pannenberg contra la idea de Barth acerca de la historia. Todo ello indica que la voz dentro del movimiento no siempre es unánime. Pero, al mismo tiempo, hay un fundamento demasiado grande para decir sencillamente que Barth niega la revelación general en tanto que Brunner la acepta, o que Brunner niega el nacimiento virginal en tanto que Barth lo acepta.

Algunos elementos de la teología barthiana

A continuación haremos un esbozo de la teología de Barth cuyo modelo será su  colección  sobre Dogmática (Church Dogmatics).

1. La revelación, según Barth, es "una perpendicular que viene de arriba" y no se puede equiparar con las mejores intuiciones del hombre. Es un evento en el cual Dios toma la iniciativa. También se dice que la revelación no se puede equiparar con la Biblia. La Biblia y sus afirmaciones son testi­gos, señales, indicadores de la revelación. La Palabra de Dios no es la Escritura misma, ni son las afirmaciones de la Escritura misma la revelación. Según Barth, equiparar la Biblia con la Palabra de Dios es "un objetivizar y materializar la revelación."

En este mismo terreno, Brunner especialmente ha puesto de relieve la revelación como suceso. Es un suceso que involucra tanto al Orador como al oyente. La revelación "no se entiende como la entrega de verdades acerca de Dios sino como un suceso u ocasión o diálogo en el que Dios se encuentra con el hombre. No se puede decir que la revelación haya tenido lugar a no ser que ambos participantes en el encuentro se encuentren”. 

2. El corazón de la revelación, de la Palabra de Dios, es Jesu­cristo. De hecho, Barth insiste tanto en esto que se niega a reconocer la existencia de cualquier otra revelación aparte de "su" Cristo. La historia de la revelación y la historia de la salvación vienen a ser la misma historia. 

En el Cristo de Barth, Dios reveló que no quería dejar que el hombre existiera en pecado. Por esto Barth insiste en que nunca deberíamos mencionar el pecado a no ser que de inme­diato agreguemos que el pecado ha sido derrotado, olvidado, y superado en Jesús, el elegido. La reconciliación entre Dios y el hombre se efectúa por el acontecimiento de Jesucristo. Jesu­cristo es Dios mismo, es decir, el Dios que se humilla a sí mis­mo. En su libertad, Dios cruza el abismo abierto y muestra que El es verdaderamente el Señor. Dios "compromete su propia exis­tencia como Dios. Barth no quiere admitir la humillación del hombre Jesús. Según Barth, decir que la humillación se refiere al hombre es una mera tautología. "¿Qué sentido habría en hablar del hombre como humillado? Esto es algo natural en el hombre. Pero decir que Dios se humilla a sí mismo, según Barth, es entender el verdadero significado de Jesucristo, como Dios mismo."

          3. Barth se niega a admitir la idea tradicional de los dos estados en Cristo, la humillación de Cristo y su exaltación ­como uno a continuación del otro en orden cronológico. Jesús como Dios se humilló a si mismo, y Jesús como hombre fue exaltado. Para Barth, decir que la exaltación como estado se refiere a Dios es también mera tautología. ¿Qué sentido puede tener hablar de Dios como exaltado? Esto es natural en Dios. Según Barth, "En Cristo la humanidad es humanidad exaltada, así como la Divinidad es Divinidad humillada. Y la humanidad es exaltada con la humillación de la Divinidad."

4. Uno de los rasgos más discutidos de la neo‑ortodoxia ha sido su ambigüedad en cuanto a la posibilidad de la salvación universal. Barth ha dicho que "en la forma más sencilla y com­prensible el dogma de la predestinación consiste. . . en la afir­mación de que la predestinación divina es la elección de Jesu­cristo." Jesús es no sólo el Elector, sino también el Elegido. Jesús de hecho es también el único Elegido. Y en Cristo, todos los hombres son reprobados. Barth repudia el concepto clásico de la doble predestinación, la idea de una elección respecto a personas. Admite que no todos los hombres viven como elegidos, y que algunos viven como tales sólo parcialmente. Sin embargo, la responsabilidad de la iglesia es proclamar a tales hombres que han sido elegidos en Cristo, y que en consecuencia deben vivir como elegidos. Para Barth no hay oposición absoluta al evan­gelio. La elección no es un estado que adquirimos en Cristo. La elección es acción, servicio a Dios. No hay fronteras que cruzar del rechazo a la elección, y reconocimiento de la elección.

¿Implica esto la salvación universal en la neo‑ortodoxia? Barth mismo no parece ni afirmar ni negar la teoría. Sus con­ferencias más recientes acerca de La Humanidad de Dios con­cluyeron una exposición de este tema diciendo, "No tenemos derecho teológico a establecer límites cualesquiera a la miseri­cordia de Dios que se ha manifestado en Jesucristo. Nuestro deber teológico es verlo y entenderlo como algo todavía mayor de lo que habíamos visto antes.”

Por muchas razones, muchos cristianos han entendido mal la neo‑ortodoxia. Pretende ser un retorno a la enseñanza de los reformadores. Pretende atacar el optimismo del liberalismo clásico y las corrupciones de la teología católica romana. Pre­tende poner fuertemente de relieve la centralidad absoluta de Jesucristo, la trascendencia de Dios, la necesidad de la revela­ción. Naturalmente, todos estos puntos básicos parecerían muy en armonía con el cristiano evangélico.


Crítica de Conn a la teología de Barth

La neo‑ortodoxia se aparta de la fe cristiana histórica no sólo en muchas esferas sino en sus conceptos básicos. No se puede llamar en modo alguno "un retorno a las enseñanzas de la Reforma." He aquí algunas de sus fallas más notorias.

1. El eje de la neo‑ortodoxia gira en torno a la experiencia subjetiva del hombre como criterio de verdad. Así pues, en la neo‑ortodoxia, la revelación no es simplemente la declaración de Dios al hombre. Se dice que la revelación es encuentro, con­frontación, diálogo. La Biblia no es revelación hasta que llega a ser revelación para nosotros. Esto es destruir el concepto mismo de la revelación. Ahí sobre todo se percibe la deuda que la neo‑ortodoxia tiene con la llamada escuela existencialista de filosofía.

2. En armonía con esta misma negativa a identificar la Biblia con la revelación o la Palabra de Dios, la neo‑ortodoxia con­serva el lenguaje de la teología ortodoxa pero reinterpretándolo. Y esta reinterpretación produce casi los mismos resultados que un veneno en la leche. El pecado original, Adán y la caída, la redención en Cristo, la resurrección, la segunda venida, son llamados por Brunner mitos y por Barth sagas. Se dice que estas doctrinas no son sucesos históricos o condiciones que en cierto momento se dieron o sucedieron. Son simplemente las condiciones históricas bajo las cuales existen todos los hombres. En términos de la filosofía de la historia de Barth, no son Historie sino Geschichte. Génesis 3, por ejemplo, no debe tomarse como historia literal. Es un apuntar dicen Barth y Niebuhr, en una forma simbólica, hacia la realidad del pecado y del orgullo en la vida humana. Este concepto de la neo‑ortodoxia destruye el significado básico del evangelio como "buenas nuevas," como la proclamación de la venida del Hijo de Dios a este mundo histórico para la sal­vación de los pecadores.

3. La insistencia de Barth en Jesucristo como corazón de la revelación es tan fuerte que niega la existencia de cualquier otra revelación de Dios en la naturaleza aparte de Cristo. Esta idea perjudica gravemente a más que la realidad de la revelación general (Hch. 14:17; Ro. 1:19‑20). No se trata simplemente de un énfasis o acento en la revelación especial a costa de la reve­lación natural. Implica una reinterpretación completa de toda forma de revelación, y con ella la destrucción del carácter bíblico de la revelación misma.

4. La negativa de Barth de hablar de la humillación de Jesús como hombre lo hace vulnerable a la acusación de teopasquitia­mo, y supone un alejamiento completo de la teología bíblica." No quiere distinguir cuidadosamente entre la persona y la obra de Cristo en un sentido ontológico y, repudiando con ello el Credo de Calcedonia, la forma en que Barth trata a la obra de Cristo destruye la persona de Cristo en una forma activa. De hecho, según Barth, "La encarnación es la cosa realmente crucial por medio de la cual se salva el abismo entre Dios y el hombre . . . La insistencia bíblica en que hemos sido reconcilia­dos con Dios por medio de la muerte de su Hijo (Ro. 5:10; Col. 1:22) y en que se ha hecho la paz por medio de la sangre de la cruz (Col. 1:20; Ef. 2:16) no encaja en la doctrina de la recon­ciliación de Barth."

5. Aunque Barth dice que ni afirma ni niega la teoría de la salvación universal, parece que su idea de elección universal implica una especie de "neo‑universalismo." De hecho, su repu­dio de las realidades del cielo y del infierno indicaría también un concepto de salvación totalmente diferente del que se presen­ta en la Escritura. Jesús, dice Barth, es la historia de la sal­vación para todo hombre, un círculo de salvación que Daniel Miles encuentra suficientemente amplio como para incluir a budistas, confucionistas, sintoístas etc. La frontera entre elección y rechazo, y viceversa, se puede atravesar repetidas veces en ambas direcciones. 

El resultado de una postura así destruye la gravedad de la incredulidad. Y, de este modo, la neo‑ortodoxia destruye las advertencias bíblicas contra la apostasía, así como al llamamien­to al arrepentimiento, y a la fe. El impacto total de la teología barthiana "diluye el estado de desesperación de la situación del pecador que se presenta en las Escrituras. . . Su idea consiste simplemente en informar a los hombres que están universal­mente involucrados en lo que Cristo ha hecho. De ahí que desaparezca el apremio de predicar, y que pierda su pertinencia el significado bíblico del llamamiento al arrepentimiento, y a la fe."

  

Bibliografía 

Conn, Harvie M. Teología contemporánea en el mundo. Libros Desafío: Grand Rapids, 1975.  Pp. 25-31.

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publicado por profecristian a las 15:06 · 1 Comentario  ·  Recomendar
 
Comentarios (1) ·  Enviar comentario
Acosta Orozco: La crítica de Harvie Conn me suena muy sana y resalta el desconecte en los puntos doctrinales de Karl Barth.

Antes de leer la crítica de Harvie algo no conectaba en mi espíritu referente al Neo BARTIANISMO. Gracias por la aclaracion lo estudiare mas a fondo
publicado por Jose Martin, el 18.06.2016 19:39
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