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Teología Contemporánea
Los teólogos más influyentes de nuestra era
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12 de Diciembre, 2010    Karl Barth

Karl Barth: Teología en el tránsito a la postmodernidad


1.     
Un protestante combativo en el Consejo Mundial de iglesias.

A principios de 1900 Barth realizó su carrera de teología en varios lugares de Alemania. En 1919, su libro La epístola a los romanos”  lo ubicó como un teólogo celebre en el ámbito lingüístico alemán. Enseña en la universidad de Basilea. En 1948 participa en Ámsterdam en la Primera Conferencia Mundial de las Iglesias, allí aprendió que en la teología científica tenía que haber algo así como un ecumenismo. Pero el Papa de Roma no participo de esa asamblea ecuménica, con lo cual Barth hizo sus profundas críticas, a tal punto ve no darles la menor cabida en las liberaciones de dicho encuentro.

 

2.      Crítica del catolicismo Romano.

      La crítica de Barth al catolicismo tenía raíces teológicas más profundas y se remontaba a tiempo atrás. Su centro de actividad Munster: allí estaba presente el dogmatismo católico, en ese lugar estudió intensamente a Tomas de Aquino y a Anselmo, y fue allí mismo donde invitó a participar en un seminario a un teólogo católico, el jesuita, Erich Przywara. Este teólogo católico afirmó a Karl Barth en su teología, haciendo crítica de la iglesia católica, al pretender apoderarse de la revelación de Dios disponiendo a voluntad la gracia sin dejar que Dios fuera Dios o que el hombre fuera hombre. El catolicismo Romano es una interpelación a la iglesia protestante como lo titulo Barth, quien pretende un protestantismo centrado en su causa evangélica. Ello significa: el mundo es mundo, el hombre es hombre, Dios es Dios y reconciliación solo hay en Jesucristo. Curiosamente la teología católica empezó a tener en cuenta a Barth.

 

3.      Intento de aproximación por el lado católico.

Fue otro teólogo, discípulo de Przywara, llamado Hans Urs von Balthasar, quien escribió el libro que abriría a la teología católica el camino de la aproximación interior a la teología de Barth. A este teólogo católico, le fascinaba la interpretación de Barth sobre la predestinación, una interpretación que suprime el dualismo  agustiniano-calvinista para convertirlo en un universalismo cristiano que hace pensar en Orígenes: el centro que es Cristo procura una multi-unidad de la redención. Un cristocentrismo que ahora también posibilitaría una nueva definición de fe y conocimiento, naturaleza y gracia, castigo y salvación para protestantes y católicos de igual modo.

Barth en la “Dogmática”, escribe: “yo tengo a la analogía entis por la invención del anticristo y pienso que causa de ella no se puede ser católico. Solo se comprende esa polémica que ve en la analogía del ser niveladora de Dios y hombre, lo anticristiano por excelencia”. Barth protesta contra el Catolicismo  Romano que puso a la misma altura a Dios y al hombre estableciendo una reciprocidad entre  Dios y hombre, naturaleza y gracia, razón y fe, filosofía y teología.

 Barth lucha contra el neo-protestantismo liberal que tomaba como punto de orientación solamente al hombre religioso, al hombre piadoso y no a Dios y su revelación. Debido a esa igualdad entre Dios y el hombre ¿no consideraron los cristianos alemanes protestantes el nacional socialismo como una especie de nueva revelación, y llegaron a ver en Adolf Hitler un nuevo Lutero, más aun, un nuevo Jesucristo?

Para Barth se hacía evidente el peligro que comportaba en el terreno político una teología natural cristiana.

 

4.      Consenso ecuménico

 Desde los tiempos de la Reforma y del Concilio de Trento, se ha considerado como el impedimento básico para un acercamiento de protestantes y católicos la doctrina de justificación del pecado.

 En la cuestión de la justificación los católicos insisten en que la concesión de la salvación al creyente no depende de la condición humana. Los luteranos insisten que la justificación no está limitada al perdón individual de los pecados. El mensaje de la justificación en su calidad de decisivo desarrollo  del centro del evangelio, tiene que ser discutido a discusión una y otra vez, en cuanto que fundamenta la libertad cristiana frente a las condiciones que impone la ley para recibir la salvación.

 Cuando Barth sustituyo el título de “Dogmática cristiana” por “Dogmática de la Iglesia” ponía de relieve que la dogmática no puede ser una ciencia libre sino vinculada al ámbito de la Iglesia y en ella posible y plena de sentido.

 El consenso ecuménico se volvió dificultoso cuando se abordó el tema de la estructura de la organización y de la política práctica de la iglesia.

 

5.      El Concilio Vaticano II

Dicho concilio provocó en Barth mucho impacto, dado al doble cambio de paradigma (la integración del paradigma de la Reforma y de la modernidad en la Iglesia y teología católica).

El concilio incluyó muchos puntos importantes para los reformadores, (desde la revaloración de la Biblia, de la predicación de los laicos, hasta el empleo de la lengua vernácula en la liturgia), y para la modernidad, (libertad de fe, de conciencia y de religión, tolerancia y acercamiento ecuménico, nueva actitud frente a los judíos, a las grandes religiones, y en general al mundo secular). Barth empezó a maravillarse  de la movilidad que parecía contrastar con un prolongado estancamiento del protestantismo.

 

6.      Por qué es merecedor de crítica el paradigma de la modernidad

¿Dónde hay que situar a Barth en la historia de la teología?

Barth es el iniciador de un paradigma postmoderno de teología. Esto quiere decir que a quienes desprecian a Barth, que él es el iniciador principal de teología que ya se dibujaba en aquel entonces. Y para los que lo veneran, sin espíritu crítico, Barth es el iniciador, pero no llevó a su plenitud tal paradigma. Después de la primera guerra mundial, Barth fue de un paradigma moderno a una hondísima crisis. La teología personal evolucionó, por eso, a una teología de la crisis, que en 1918 con la caída del imperio alemán, con el cese de los príncipes territoriales como jefes de la Iglesia, con los Estados Unidos pisando suelo europeo, con la revolución rusa, y los disturbios sociales de Alemania cobró un transfondo dramático.

 

7.      Iniciador del paradigma teológico postmoderno

Barth movilizó después de la guerra como ningún otro, la fuerza crítica de la fe y exigió programáticamente, partiendo de la Epístola a los romanos el giro hacia una teología de la palabra, denominada a menudo teología de la dialéctica. Y eso significaba retroceder hasta antes de Schleiermacher, pero sí avanzar más allá de Schleiermacher:

·        Dejar antropocentrismo moderno y acercarse a un nuevo geocentrismo.

·        Dejar la autointerpretación histórico-psicológica del hombre religioso, y la teología en cuanto a ciencia cultural e histórica, y avanzar a la propia palabra de Dios, documentada en la Biblia, hacia la revelación, el reino y la acción de Dios.

·        Dejar el discurso religioso sobre el concepto de Dios y avanzar en la predicación de la palabra.

·        Dejar la religiosidad y avanzar hacia la fe cristiana.

·        Dejar la necesidad religiosa del hombre para acercarse a Dios, que es el “completamente distinto”, revelado sólo en Jesucristo.

Su teología ha visto antes que otras con claridad- con crítica teológica de la ideología- las fuerzas despóticos-destructivas de  la racionalidad de la edad moderna, ha relativizado el imperialismo que se había arrojado la razón ilustrada y confrontado la autoseguridad del sujeto moderno con sus propios autoengaños; en resumen: su teología percibió antes que otras la “dialéctica de la ilustración”, y se encargó de ilustrar a la Ilustración. A la disolución liberal de lo cristiano en lo generalmente humano o histórico, Barth opone una nueva concentración cristológica de la salvación en Cristo. 

El compromiso teológico, radicalmente nuevo, de Barth mostró su fuerza política contra la pseudo-religión nazi, en 1934, en el sínodo de Barmen, con la clara profesión de fe en Jesucristo, como la sola palabra de Dios, al lado de la cual no pueden ser admitidos “como revelación divina otros acontecimientos y poderes, figuras y verdades”.

Su teología:

Los textos bíblicos no son  simples documentos de investigación filológico-histórica, sino que hacen posible el encuentro con el “totalmente distinto”; los testimonios perfectamente humanos de la Biblia, contiene la palabra de Dios, que el hombre puede reconocer, acatar, y profesar públicamente. 

Lo que se le exige al hombre va más allá del mero observar e interpretar con objetividad una fe que siempre es una empresa arriesgada: lo que está en juego es la salvación o condenación.

La misión de la Iglesia consiste en hablar en la sociedad sin hacer concesiones y a través de la palabra humana de la predicación, de esa palabra de Dios que el hombre puede aceptar confiado una y otra vez.

Tanto la predicación como la dogmática de la iglesia han de concentrarse totalmente en Jesucristo, en quien, para los creyentes, no solo habló y obró un “hombre bueno” ejemplar, sino, el mismo Dios; Jesucristo es el criterio decisivo de todo discurso sobre Dios y el hombre.

8  Iniciador del paradigma teológico postmoderno

En su primer clase primera de dogmatismo, Barth da un giro hacia atrás, un giro no ciertamente falto de crítica, pero si chocante a los dogmas que fueron objeto de controversia en la era moderna, en la trinidad y el parto virginal, hasta la baja de los infiernos y la ascensión a los cielos: no solo volvió a la ortodoxia del primer protestantismo sino también a la escolástica medieval y a la patrística de la iglesia antigua.

Barth tiene una convicción: “Creo para entender”. La fe tiene prioridad en todo, según él, el cristiano desde el principio tiene que dar un salto a la cosa misma. No ha de tratar de comprender primero, para creer después, como opina Schleiermacher, sino justamente al revés, primero cree para indagando después en las posibilidades de esa fe, comprenderla.

La fe es definida por él, como conocimiento y aceptación de la palabra de Cristo, la cual sin embargo, es identificada muy pronto con el credo cristiano, con la profesión de fe devenida en el curso de una larga historia. Esta es la posición Barth basándose en Anselmo de que: partiendo como verdad de que Dios existe, que es un ser con tres personas, que se hizo hombre, ahora solo hay que reflexionar sobre en que medida eso es verdad.

La palabra de Dios es el propio Dios en su revelación. Pues se revela como el Señor y ello significa, según la Escritura, para el concepto de revelación, que Dios mismo en intacta unidad, pero también en intacta diferencia, es el revelador, la revelación y el estar-revelado, o en términos bíblicos: Padre, Hijo, y Espíritu Santo.

 

9        El reto permanente de la teología natural

Hay que reflexionar y preguntar por tanto:

·        Si la creación de Dios no es ya, una especie de embudo de entrada para la gracia de Dios, que caía verticalmente desde arriba. Si la creación de Dios, en el Barth tardío, puede ser plenamente aceptada incluso como obra buena de Dios, hasta el punto de escribir cuatro tomos de la dogmática sobre ella.

·        Si Dios, visto desde una perspectiva teológica-objetiva, está sin lugar a dudas, en el inicio de todas las cosas y así conserva constantemente el primado ¿Por qué no va estar permitido teológica y metódicamente empezar con las preguntas y necesidades de los hombres de hoy, para partir de ellas, preguntar por Dios, puesto que el orden del ser y del conocer no son meramente idénticos?

·        Si para el cristiano el mensaje bíblico es indiscutido sobre todo discurso sobre Dios ¿por qué tiene que depender de la biblia todo discurso sobre Dios?

·        Y si lo enunciados negativos de la biblia sobre error, tinieblas, mentira, pecado, son vistos como una invitación a la conversión ¿por qué hay que silenciar, el hecho de que Dios es el Dios de todos lo hombres y como tal está cerca, de tal modo a los no cristianos también?

Por último, Barth remitió la doctrina de la reconciliación a través de Jesucristo, como luz del mundo. “Jesucristo es la sola luz, la única luz de la vida”. Pero junto a esa “luz”, hay también “otras luces”, y junto a esa “palabra”, hay “otras palabras verdaderas”. No obstante, frente a toda la empiria,  las otras luces son solamente reflejos de la única luz que es Jesucristo, sostiene Kung.


Bibliografía

Kung; Hans. Grandes pensadores cristianos. Una pequeña introducción a la teología. Editorial Trotta: Madrid, 1995. Pp. 181 -212. 

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publicado por profecristian a las 12:37 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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