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Teología Contemporánea
Los teólogos más influyentes de nuestra era
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12 de Diciembre, 2010    Ernst Troeltsch

Ernst Troeltsch: La teología de la historia de la religión científica


1. La reacción contra Ritschl

A veces el pensamiento teológico, oscila entre un extremo y otro, como un péndulo. El ritschianismo se presenta como extremo de izquierda de la escuela teológica y como grupo que por sus investigaciones se reclamaban “modernos”. Alrededor del 1900, teólogos protestantes liberales pensaban que Ritschl no fue atento a los problemas apologéticos que surgen de la ciencia natural. Decían que él separaba la religión de la ciencia de manera absoluta, cosa que no es posible. Se lanzaron a una nueva polémica contra los milagros y le daban importancia a la supremacía del cosmos como un sistema dirigido por una ley inviolable.

La fe cumplía con un papel distinto a la contemplación del cosmos ya que tiene una manera propia de verlo. Los que aprendieron la fe desde el Nuevo Testamento, no pueden persuadirse de completar su confianza en Dio en términos de ley. Tales categorías no tienen lugar entre la comunión de Dios y el hombre, o a la experiencia del perdón, o al hecho de Cristo.

 Estos pensadores modernos suman dos características de Ritschl que les horrorizaba.

·         Su convencimiento de que la revelación final de Dios había sido en los hechos de la historia. Para ellos nada en la historia es seguro, el pasado desaparece, y luego se olvida. La base de la fe debe construirse en la intuición racional o en el sentimiento inmediato.

·         Se lo acusaba a Ritschl de desconocer los nuevos hechos que la historia científica de las religiones había traído a la luz. Un tema que sería motivo de grandes controversias en el desarrollo de la discusión teológica.

 

2. La historia y la psicología de la religión

La nueva escuela que surgió en Alemania en la ultima década del s. XIX, para luchar bajo el perdón de la historia de las religiones, incluía un grupo extraordinario de hombres talentosos. Ellos dejaron la erudición académica, y se dedicaron a escribir para el hombre común. Trabajaron en la producción de un comentario cuidadoso del Nuevo Testamento, un texto que se dedicaba a comprender párrafos enteros como un todo. El teólogo sistemático de este movimiento es Ernst Troeltsch.

Para él, el cristianismo es una religión sincretista. Afirmaba que el sincretismo ya había surgido desde la época apostólica. Se debía leer el NT a la luz de la especulación religiosa y de la mitología que llenaba el mundo grecorromano durante los siglos antes y después de Cristo. Desde esta escuela se llego a afirmar mucho que no podía ser probado con respecto al supuesto contagio de que la religión del Nuevo Testamento fue objeto por parte de los cultos paganos, y especialmente en lo que a su doctrina de los sacramentos se refiere. Se habló mucho de una “teología de los misterios”. Pero una investigación más cuidadosa habría de mostrar que los textos originales no presentaban esa supuesta teología.

En un sentido estricto, solo podemos hablar de secretismo cuando se admite de igual manera y en el mismo grado elementos tomados de varias religiones; y quien quiera que pueda creer que en el NT las ideas tomadas del helenismo o de la mitología oriental se encuentran al mismo nivel de la verdad tal y como se da en Cristo, no cabe duda de que se halla confundido, o que ha abandonado los hechos en pos de la fantasía. Pero hace ya algunos años que ha declinado la popularidad de este prejuicio extremo.

Algunos campeones excesivamente celosos de este movimiento llegaron a sugerir que las ciencias de las religiones comparadas llegaría algún día a ocupar el lugar de la teología cristiana. De hecho, el estudio comparado de las religiones ha sido llevado a cabo durante largo tiempo con este propósito en mente. Según resulto claro desde sus primeros pasos, el nuevo movimiento concedía algo menos importancia a la psicología de la religión. La teología resulta favorecida por toda nueva comprensión de las esperanzas y temores, deseos y aspiraciones de los hombres; mediante tal comprensión, puede inspirarse a nuestra interpretación del Evangelio un nuevo sentido de la realidad como  Palabra de Dios que responde con una vigencia final las preguntas existenciales y desesperantes que el corazón humano ha planteado en todas las épocas. Los eruditos se ocupaban de subrayar de lo rudimentario de la teología. En ocasiones se dejaban llevar por el principio de que la clave de la religión se encuentra en sus orígenes. Las formas más rudimentarias manifiestan su verdadero ser: con el refinamiento ese ser queda disimulado bajo el disfraz. La última instancia, es pensar que todas las experiencias o expresiones primitivas de la piedad son las mismas en todas las religiones.


 3. La relación de Troeltsch con el pasado

La mayor parte de su tarea académica la realizo en Heidelberg, donde enseñó teología y también algo de filosofía, y en Berlín, donde perteneció solo a la facultad de filosofía. Siendo estudiante cayó bajo la influencia de Ritschl.

Su interés estaba repartido entre la teología, la filosofía y la historia. Esto se ve en su primera obra, que es un breve tratado entre la razón y la revelación. Ofrecía un estudio de la historia y de la influencia de las ideas. Intentó descubrir como en los primeros siglos las principales ideas del AT y NT se habían unido con los factores étnicos para producir ese hecho sin precedentes que es la Iglesia cristiana.

Dedicó su vida al “cristianismo y filosofía”. Influenciado por varios autores, tenía convicción de que es necesario aceptar la existencia de una vida espiritual por encima y más allá de todo mecanismo físico, así como también al sostener que el problema de la religión solo puede ser comprendido mediante el estudio histórico. Su problema de lucha fue el de la relación que debe existir entre el pensamiento específicamente cristiano y los principios intelectuales que operar en lo mejor de nuestra época: ciencia, literatura, economía y política. Su propia vida religiosa era de un tono místico. Tomando por religión el sentimiento directo de la presencia de Dios, dedico mucho de su pensamiento y de su esfuerzo a la tarea de distinguir entre lo que es religión y aquello que no lo es. El estaba dorado de lo que se llama “la mente moderna”, y poseedor de un conocimiento enciclopedista pero en sus obras no solía ser muy claro. Troeltsch no está dispuesto a desprenderse de dos intereses fundamentales, de la fe religiosa y la libertad intelectual tal y como se encuentran y luchan. El dice que “la religión que ha sido reconciliada con la cultura es en su mayor parte sólo mala ciencia y moralidad superflua; se ha perdido entonces la sal salvadora de la fe”. El cristianismo dejaría de ser lo que es si su conflicto con el pensamiento moderno tocase a su fin. Troeltsch invita a los creyentes a volver sus espaldas sin vacilación alguna a la tentación de aprender su religión de los filósofos. De alguna manera se sentía con el compromiso de terminar con la tarea de Schleiermacher.  Para Troeltsch el meollo de la filosofía de la religión se encuentra en el análisis psicológico de la conciencia religiosa, análisis éste que toma la forma de una crítica de las etapas sucesivas de la idea religiosa tal y como ésta se ha manifestado en la historia.

Le fue posible adaptar, a su propio uso, algunos de los resultados generales de la interpretación hegeliana. La historia, lejos de ser un caos, está hilvanando en el pensamiento de Dios, que se revela progresivamente, para él, como para los grandes idealistas, el proceso del muNdo se manifiesta como resultado, dentro del tiempo y del espacio, de una realidad suprasensible. En una de sus obras aparece la “la autotransformación de Dios en naturaleza y en criatura, éstas son re-transformaciones tomadas en Espíritu mediante la redención”; y la tensión que existe en el mundo entre las necesidades de la naturaleza y el espíritu señala hacia una tensión que existe dentro del ser mismo de Dios. Lee la historia general como el conflicto del espíritu con la carne y su doctrina del pecado como algo que surge de la estructura metafísica de la naturaleza humana, así como ciertos ingredientes importantes de su escatología.

 Existe en la religión un elemento a priori con el que nuestra decisión puede relacionarse y  en el que puede encontrar un punto de apoyo y confirmación. Este a priori surge de su dependencia de Kant. La fe religiosa no es cuestión de necesidad, sino de libertad; no es necesario creer en Dios, sino que debemos decidir creer, respondiendo de este modo al reclamo divino sobre nosotros. La expresión a priori religioso da a la religión un carácter racionalmente lógica que le resulta ajeno. La fe religiosa se halla separada por una gran distancia aun del a priori ético en su más elevado nivel. Porque la fe se relaciona con el hecho trascendente de Dios que no puede ser incluido dentro de ese material de la experiencia que en los otros campos debe recibir forma y ser organizado por el factor a priori.

 

4. Leyes del desarrollo y la Revelación

Para Troeltsch la filosofía de la religión y la historia del cristianismo son disciplinas científicas, mientras que la dogmática constituye una rama de la teología práctica. Ya no acepta dogmas fijos, sino que ve su tarea como la de expresar de un modo general los pensamientos que surgen de la fe cristiana, y esto sobre un fundamento científico o filosófico. No funciona como sistema normativo de doctrina, sino como una guía práctica para los predicadores.

Cuando hablamos de la revelación, no se trata del acto de Dios;  estamos describiendo cómo las profundidades de la misma mente del hombre ofrecen maravillosas intuiciones de una realidad no vista. El cristianismo no es la única revelación o redención, sino el punto culminante de las revelaciones y redenciones que operan favorablemente en la ascensión de la humanidad hacia Dios. El acto de revelación de Dios ha venido a ser una experiencia interior del hombre. Como en Kant, el lugar de la revelación ha sido ocupado por lo que son en realidad ilustraciones de una verdad general; y estas ilustraciones pueden ser muchas.

En Troeltsch no existe una verdadera aprehensión de la trascendencia de Dios. Todo este planteo demandaba un nuevo método científico. El método dogmático, según él, establece una distinción intelectualmente poco saludable entre la investigación histórica que se ocupa de los hechos de la salvación y no se preocupa por la idea de la relatividad y, por otra parte, una especie de investigación histórica que es profana, critica o relativista. Se deben aplicar tres leyes fundamentales de la investigación, ellas rigen los fenómenos religiosos del pasado como de otras especies.

  • La ley de la crítica ningún juicio histórico puede afirmar más que una probabilidad, ni elevarse más allá de una certeza moral.
  • La ley de la relatividad, es tal que impide la creencia en cualquier hecho que pretenda tener un carácter único o “absoluto”. Aun los hechos que pretenden ser de un orden sobrenatural deben ser reducidos a una escala tal que se ajusten al tratamiento científico. Después de todo, los sucesos del pasado no son más que fenómenos, y todos los fenómenos tienen un lugar estrictamente calculable en la secuencia uniforme de causas y efectos. Su localización le da su carácter. Todos los sucesos se encuentran entretejidos que forman parte de la misma tela y del mismo diseño general; todos pueden ser explicados mediante fuerzas inmanentes; todos son tales que podemos lanzarnos a buscar una interpretación completa de surgimiento y tener esperanzas de lograrla.
  • La ley de la analogía es aplicada de tal modo que significa que el pensamiento religioso, por su carácter mismo, ha estado actuando en todos los puntos de la historia de manera semejante, con el resultado de que, como era predecir desde el principio, prácticamente todas las doctrinas importantes del cristianismo tienen su contraparte en otras religiones. Si comprendemos esto nos resultará más fácil acercarnos de una manera comprensiva a las creencias cristianas trascendentales, tales como la encarnación, la resurrección, o los milagros de Jesús.
  • Las conclusiones que surgen a partir de estas leyes, son las siguientes: todas las religiones se hayan en un mismo campo de desarrollo aunque no en una sola línea de evolución. Lo más profundo que se encuentra en ella es el contacto místico intuitivo con lo suprasensible. Las misiones extranjeras de la Iglesia no deberían pretender convertir a los hombres, sino simplemente elevarles mediante la educación.

La ciencia histórica, una vez que ha comenzado a aceptar seriamente la idea de la evolución histórica, asume el deber de interpretar mediante ella, de una manera estrictamente inmanente, todos los sucesos del campo espiritual.

La obra misionera pierde su antiguo motivo y adquiere un nuevo propósito. La tarea del futuro será ahora la de lograr un entendimiento y, de algún modo, una síntesis del cristianismo con los mas elevados cultos étnicos, tales como el Islam, el Brahmanismo y el Judaísmo.
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publicado por profecristian a las 11:23 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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